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viernes, 4 de noviembre de 2011

La educación es comunicación, significación y sentido.

Tiene razón Rodríguez Illera cuando dice que "(...)la idea intuitiva de que la educación es comunicación (aunque de un tipo especial)tampoco puede dejarse de lado. Al contrario, desde la perspectiva del educador es muy importante la reflexión y la puesta en práctica de esta dimensión que afecta a todo lo que hace (y a todo lo que deja de hacer, evidentemente) en su relación con los educandos. "Comunicar mejor" no es sólo aprender retórica y estilística -cosa, por otra parte y por desgracia, que nadie hace-, sino también plantearse el contexto (en sentido amplio) el el que se da el acto comunicativo, los códigos sociolingüísticos del receptor, la forma de seleccionar y combinar que dará como resultado el mensaje, el propio mensaje de respuesta que da el educando y cómo afecta a las ideas preconcebidas del educador, etc.". Pero, además, agrega la cuestión que nos parece central a la hora de afinar esa idea más intuitiva de educación cuando escribe: "Y todo ello (si contemplamos las cosas desde teorías o concepciones más estructurales) sin perjuicio de que pueda comprender también que el acto comunicativo en el interior de la relación educativa es algo que le desborda, que de alguna manera él cumple su papel, ocupa un lugar en una realidad de la que el propio acto comunicativo es sólo un efecto, una consecuencia." (El subrayado es mío) Esa cuestión central podría quizás ser indicada mediante una pregunta: ¿Qué es ese algo que desborda el acto comunicativo? En términos propiamente semióticos, ese algo que desborda el acto comunicativo y que define el lugar en cuyo seno el mismo acto comunicativo es efecto y consecuencia, es la SEMIOSIS SOCIAL. En otros términos diríamos: es la comunicación en el seno de la significación y el proceso de producción-circulación-recepción del sentido. Para avanzar entonces en la comprensión teórica del acto de aprendizaje sería imprescindible repensar el proceso pedagógico como un proceso complejo de producción, circulación y recepción de sentido que se realiza, y por ende se transforma, en diversos lugares sociales: la familia, la escuela, la barra de amigos...; y en el cual intervienen e interactúan múltiples interlocutores -padres, maestros, pares, medios de comunicación social- que a veces colaboran y a veces antagonizan. No hay ninguna duda de que para avanzar en esta tarea la recepción de los artículos contenidos en el libro compilado por Rodríguez Illeras es imprescindible.http://carmeloeps.blogspot.com

jueves, 3 de noviembre de 2011

Dificultades y alternativas de un proyecto de pedagogía semiótica

Algunas de las contradicciones y dificultades que es necesario resolver para construir una pedagogía semiótica han sido indicadas por Rodríguez Illeras en su Introducción al libro que iremos comentando. (Rodríguez Illeras J. L. (compilador), Comunicación y Educación, Paidós, Barcelona- Buenos Aires - México, 1988, 1ª edición)
1- El carácter unilateral de la relación pedagogía/semiótica al afirmar, con razón: "Es obvio que el préstamo teórico tiene lugar en una única dirección: los pedagogos han descubierto (sic) que la educación es comunicación y se han lanzado a "modelizar" la relación educativos en términos educativos. Por desgracia, los resultados de semejante operación no pueden ser más desalentadores: el esquema emisor-mensaje-receptor se ha aplicado de forma literal (el emisor es el maestro, el receptor el alumno, y el mensaje lo que el maestro dice o hace), sin ningún tipo de reparos, sin plantearse siquiera la validez del propio esquema y mucho menos la traducción de los conceptos efectuada. En este sentido, la teoría de la comunicación y la semiótica han sido, en general, utilizadas más que pensadas, sirviendo sólo para volver a nombrar conceptos clásicos en la literatura pedagógica; y teniendo por tanto un valor mínimo."
2- La escasa reflexión semiótica -¿y antropológica?- sobre la pedagogía y la educación. Como dice en la página 16, "...también es verdad que no ha existido una auténtica reflexión comunicativa o/y semiótica sobre la educación.
Para él, y para nosotros, existen alternativas pues como bien destaca: "Ante este panorama esbozado lo cierto es que existen dos posiciones bien opuestas: lamentarse de lo poco hecho (o considerar que lo realizado ha sido suficiente) y abandonar la reflexión teórica sobre multitud de pequeños trabajos empíricos que se reclaman como pertenecientes al dominio conjunto de comunicación y educación, o bien, por el contrario, pensar que casi todo queda por hacer y que es necesario replantearse muchos supuestos en función del propio avance de ambas disciplinas. Desde luego, creemos que la segunda posición es más productiva, y la mayor parte de los trabajos incluidos son representativos de un intento claro en esta dirección." 

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Hacia una pedagogía semiótica

J.L. Rodríguez Illera en su Introducción al libro "Educación y Comunicación", editado por Paidós Comunicación, 1ª edición, 1988, Barcelona, Buenos Aires, México; distingue entre dos acepciones de la expresión "pedagogía de la comunicación". 1- " La más obvia consiste en entender que se trata de una pedagogía particular más: del mismo modo que si se dijese "pedagogía del latín", o "pedagogía de las matemáticas", o "pedagogía de la expresión oral". En este sentido, la disciplina así nombrada debería intentar una enseñanza consistente en lograr que el alumno aprendiese a comunicarse más y mejor. (...). 2- "Pero pedagogía de la comunicación tiene también otra interpretación posible: entenderla más como una disciplina crítica que como una disciplina sustancial. Esto es, pensar más en el fundamento comunicativo de la educación que en cómo lograr comunicarse mejor. Plantearse que toda acción educativa es necesariamente una acción comunicativa, y que quizá la mejor manera de entender aquella sea estudiando ésta. De hecho, han sido muchos los autores que desde el propio terreno pedagógico han pensado que era posible una  concepción "comunicativa" del hecho educativo y que no se han limitado por tanto al primer sentido antes mencionado. Pero, volviendo al principio, también es verdad que no ha existido una auténtica reflexión comunicativa o/y semiótica sobre la educación." (págs. 15 y 16).
En las diferentes entradas de este blog nos proponemos contribuir, precisamente, con esta reflexión semiótica (y por ende antropológica) sobre el aprendizaje y la educación.

jueves, 27 de octubre de 2011

Bateson, conocerlo para aprender a reconciliar dualidades

En la página 14 de su biografía "Gregory Bateson, el legado de un hombre de ciencia", publicado por F.C.E. en 1991, David Lipset escribe: "En épocas recientes, en Estados Unidos se ha encomiado a Bateson por su interés en los problemas morales y ecológicos. Con todo, ésta no es la biografía de alguien que ya encontró un nicho adecuado o de alguien que encaja perfectamente en el contexto de la vida social y profesional. Se trata más bien de la vida de un hombre doblemente anacrónico que, simultáneamente, se adelantó a su época y se quedó atrás de ella. Para principiar a comprenderlo debemos tener presente a la Inglaterra de 1860 a 1900, cuando una sociedad eclesiástica se sintió presionada por la aparición de conocimientos modernos, de posiciones sociales, del papel que desempeñan uno y otro sexo, de diferentes relaciones familiares, de nuevos conceptos sobre la educación. El pensamiento de esa época estuvo marcado por abundante polarización de alto voltaje: espiritualismo-evolucionismo, idealismo-materialismo, clasicismo-modernismo. Muchos de los partidarios de estas tendencias no estuvieron dispuestos a aceptar componendas. Como es bien sabido, hubo rígida oposición entre clérigos y hombres de ciencia, y dolorosa tensión entre padres e hijos. Sin embargo, hubo unos cuantos rebeldes que se sintieron obligados a reconciliar dualidades, por lo cual se distanciaron más y más de la época en que vivían."